No reconoce la necesidad de la disciplina sino para la masa, pero no para los espíritus selectos.
Se incluye a sí mismo, naturalmente, entre los espíritus selectos.
La filosofía de Nietzsche, con su culto del superhombre, para el que todo se reduce a asegurarse el pleno desarrollo de su propia personalidad, al que parece vil y despreciable toda sumisión de su persona a cualquier gran fin social, esta filosofía es la verdadera concepción del mundo del intelectual, que le inutiliza en absoluto para tomar parte en cualquier lucha de cambio real.